Domingo, 06 de marzo de 2005
Describir lo que uno siente o experimenta cada día es arto imposible, ya que nuestros sentimientos y pesares fluctúan sin fin en nuestro espeso cerebro.
Las decisiones o imposiciones, que ambas dictaminan la sociedad en nuestro paso por ella, nos imposibilita el poder mirar más allá de nuestras limitaciones, sin aliento ni esperanza para lo que albergamos y somos en realidad.
Los pequeños atisbos de lucidez que nuestra mente o alma pueden crear o vislumbrar quedan olvidados o postergados a un incierto futuro. Pensamos en la sombra de nuestra soledad, nos mezclamos en la nada del olvido, creemos pero no hablamos, miramos pero no expresamos, decimos pero no llenamos. El aire que sale de nuestros pulmones sólo sirve para cargar el ambiente, para hacerlo irrespirable, para adormecernos con nuestros alientos insulsos y gastados.
Y cuando crees que caerás dentro de ese sin sabor, una pequeña llama te recuerda el por qué actúas así. Parece renacer de ti ese pequeño ser, que muchos hasta le han dado cuerpo y nombre, desde Pepito Grillo, hasta los fantasmas de Charles Dickens. Cada uno lo interpreta a su manera, buscando un nombre que satisfazca más a lo que hierve en su interior: conciencia, energía, poder, inteligencia, remordimientos. Es indiferente si es o no lo mismo.
Lo que las une es que en ese instante eres tú.
Contemplando con nuevos ojos, o quizás los viejos, tu alrededor, la facilidad de la vida te llena el corazón, da igual lo que hagas, o cómo te sientas, estás cumpliendo el objetivo de la vida: vivir.
El problema radica en que muchas ocasiones no vivimos, tan sólo estamos de meros espectadores, sin influir, sin aportar, sin cambiar, sin soñar. Es entonces cuando nos planteamos el sentido de la vida, buscamos grandes explicaciones, obviedades que pasan desapercibidas, y no las encontramos y nos perdemos y nos escapamos y nos hundimos.
En este punto estoy yo.
Mis momentos de inercia crecen por momentos, sintiéndome más pesada, con mayor volumen, oprimiéndome así el espacio en el que habito. Curioso que la sociedad te haga más fácil el trayecto, como si se alimentase de ti. De tu inutilidad.
La sociedad de consumismo ha tocado su punto álgido.
Aquí estoy metida en esta rueda en la que entré creyendo poder girarla a mi voluntad, y que me arrastra hacia lo que ella persigue, pero aún sigo luchando contra ella, sin perder la esperanza, sin perder la fe en mí, soñando aún que es posible, que todo es posible. Que mi vida, mi alma, mi ser, mi mente, mi corazón, mis actos, algún día se unirán, se encontrarán y cambiarán mi entorno. Luchando.
Ingrata por eso la vida del guerrero, el que más ansia volver al hogar, al mismo que dejo atrás. Por eso lucha, porque que si no lo hace su casa no será la misma, la paz no existirá, tendrá que someterse al yugo del enemigo. Y así pasan sus días, deseando volver sabiendo que no puede. Hasta que vence o se retira.
Son muchas las batallas perdidas, pocos los terrenos conquistados, vastos territorios desérticos y quemados. Herido, extendido en la tierra, inútil para la lucha se pregunta ahora ¿es el momento de volver? ¿acaso me recuperaré de mis heridas y podré seguir luchando? Y aunque así sea ¿lograré vencer?
Por: tesalia | Pensamientos | Comentarios (0) | Referencias (0)